Y a medida que mi corazón
crece,
me siento volver
a esa ingenuidad
que acoge a todas las cosas simples;
desde la que uno observa
con más atención
los gestos de las personas que
comen solas
o el detalle oculto
en una avenida inmensa
o la pena de tropezarse
a la entrada de algún bar
Esa misma ingenuidad
que es asombro y nos confirma
reiteradamente que
enamorarse
es involuntario.
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