
No tarde, nunca tarde, ya habría de saber que esos eran los colores que quería para mí
esas horas, esa boca, esos andares, esos tocarte.
Que cuando te decía "te quiero cerca", ya te había entregado al mar mil veces,
ya todo lo había dicho
sin razones, sin condiciones.
Y cuando dormía en tus ojos y despertaba en los míos,
simplemente lo sabía, involuntariamente te guardaba.
Cómo nos dijimos cosas, cómo nos descubrimos,
cómo la vida nos gritó tanto lo que ahora mi boca también habla.
Te miré más de lo pensé,
te miré hasta que, inevitablemente, te quedaste dentro.
Y ahora lo veo, ahora entiendo que, sólo de esa manera,
amándote cada día,
entregándome a un hoy,
habría de llegar el mañana.