No soy más que una pretensión cuando te escribo,
una manera pobre de querer tus besos,
de jugar a ser aire,
de conformarme siempre con el imaginario.
Como si te pudiera vivir en palabras,
y tocar y amanecer ahí
Como si no supiera que eso nunca me ha bastado
No ayer, no hoy,
ni porque me lo he repetido hasta el cansancio.
Te confieso que ya no me llena la fantasía:
Quiero tu cuerpo, real,
ese que duele, que estalla,
que, junto al mío,
dejaría a todos los poetas del mundo
sin habla.