Y fue ahí, en ese preciso
momento, detrás de una página
corta, casi inadvertida
que mis ojos comenzaron
a devorar tus palabras.
'Siempre has olido a frutas
y a campo' me decías
cada vez que nos veíamos.
Y lamías la miel de mi boca;
a veces con delicadeza
otras, con la prisa de extraerme
un verso, un cuento.
Y eso era una de las cosas
que más me gustaban de ti,
que podía hacerte relato
con intermedios de poesía.
(Texto escrito con Ana Claudia Castellanos)
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