Ella estaba llena, al tope de algo
que empezaba ya a cuartear
sus finas membranas
¿Qué forma tendría su latido
cuando se dejara ver?
Yo me sentía querer gritarle
-como simple mensajera de
la tierra, los astros, las nubes
y los poetas-
¡Desparrámalo todo! ¡No contengas
una gota sola! Que nada,
absolutamente nada,
será desperdicio.
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