enlarvando, esperando.
Nada es tan cómodo como lo que no se resuelve,
como lo que finge y se acostumbra a ser un estorbo.
Tus tejidos se parecen a los mios,
cobardes y podridos,
sin intención de irse, sólo aguardando a que un perro llegue y los devore,
pretendiendo ser un motivo más que vale la pena, pero no lo son.
Desde aquí lo puedes ver, cómo todo corre, se revuelca en el pasto, reta a las nubes.
Es succionado por tu insatisfacción favorita, la que intentas justificar,
que se torna en reflejos que nadie más puede entender,
decolora el sentido, alimenta tu ego.
Parece tan lógico cuando se busca una causa mayor, pero aqui ya no hay rumbo, son sólo palabras.
No hay nada mejor logrado que el nudo que no se deshace,
que carcome los pensamientos y nos estanca a un alambre de puas.