Temo, sin embargo,
que si me aquieto,
si guardo silencio y olvido la urgencia
de ir afuera a buscar algo,
de pretender
todo lo inalcanzable;
si me quedo estática
dentro de mí misma
y escucho atenta
el pulso de los dedos de mis pies,
la brisa detrás de la ventana,
todo vendrá a mí:
el amor que proclamo a diario,
el agua de tantas bahías, tantos tiempos,
tantos impulsos,
cada deseo,
toda la distancia, todos los viajes,
toda la espera,
la suavidad de tu mano,
el destello de tus movimientos;
se habrá acabado la fantasía
y yo no sabré qué hacer
con todo esto
hecho realidad.
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