Me confieso
ligeramente hipócrita
cuando voy a los museos,
y camino despacio,
y me detengo a leer notas a pie
que en realidad no me interesan
Simulo que algo verdaderamente
llama mi atención
cuando miro la habitación vacía
con un solo cuadro rojo
Y guardo mi impulso de querer
ir más rápido, de no darle tiempo
a nada que no me asombre,
que no me toque alguna fibra
expuesta, débil
-como si le debiera algún gesto
de interés al guardia de la entrada-
me descubro a mí misma
usando el cristal de algunas obras
para verme el peinado en el reflejo
Y disfruto, en cambio,
las bellísimas letras de vinil
que colocan sobre las paredes blancas;
el suelo de madera
estremeciéndose;
los zapatos que llevan todos
los que cruzan por la sala
Y me lleno de júbilo,
de entusiasmo,
como si algo recobrara sentido de pronto,
cuando vislumbro el final del recorrido
y pienso
en ir a la tienda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario