Hay que saber reconocer
el preciso instante
en el que la palabra
se ha ido.
Y no ir a buscarla,
dejar que se vaya.
domingo, 5 de mayo de 2013
Greenwich
Nunca sabré
cuál es la diferencia
entre tu lenguaje y el mío,
ni me tomaré la molestia
de descifrar
si es un océano,
una serie de vacíos,
o diez años
los que nos separan.
Yo sé (y esto me resulta
más que suficiente)
que estás en algún sitio
al que mi voz llama
y desde el cual
alguien siempre responde.
cuál es la diferencia
entre tu lenguaje y el mío,
ni me tomaré la molestia
de descifrar
si es un océano,
una serie de vacíos,
o diez años
los que nos separan.
Yo sé (y esto me resulta
más que suficiente)
que estás en algún sitio
al que mi voz llama
y desde el cual
alguien siempre responde.
"Mañana, me repite y entonces quiero decirle y no lo hago,
que el tiempo es una invención tardía de los hombres,
que un instante también es un milenio
y un milenio un instante
y que nada hay más parecido al fin que el principio
que la nada de antes y la nada de después
es sólo vacío
y que en medio flota una página en blanco
que alguien llena de palabras a veces banales
y otras veces terribles
y que lo que ella llama mañana ya es hoy en otro sitio
y ese sitio puede estar tan lejos o tan cerca como yo mismo.
[...]"
Magnolia
Ningún dolor
será
lo suficientemente
nuevo,
así como tampoco
habrá
un archivero de alegrías.
La vida irá
a un paso constante,
sin tanta maleta,
ni tanta expectativa.
Tendrá
el mismo peso
que tiene el asombro.
Y, al final,
(o al principio)
a nadie le va a importar
si conociste
el cine de autor,
o si supiste
sentarte a la mesa
con tres tenedores distintos.
Ni la culpa misma
entenderá
por qué tu insistencia
de llevarla contigo.
Todo será
simple,
como mirarlo,
como el borde del mar
marcado en la arena.
Una puerta abierta,
azul, roja,
otoñal.
Un instante
perfectamente
incomprendido.
será
lo suficientemente
nuevo,
así como tampoco
habrá
un archivero de alegrías.
La vida irá
a un paso constante,
sin tanta maleta,
ni tanta expectativa.
Tendrá
el mismo peso
que tiene el asombro.
Y, al final,
(o al principio)
a nadie le va a importar
si conociste
el cine de autor,
o si supiste
sentarte a la mesa
con tres tenedores distintos.
Ni la culpa misma
entenderá
por qué tu insistencia
de llevarla contigo.
Todo será
simple,
como mirarlo,
como el borde del mar
marcado en la arena.
Una puerta abierta,
azul, roja,
otoñal.
Un instante
perfectamente
incomprendido.
viernes, 3 de mayo de 2013
jueves, 2 de mayo de 2013
º
Supimos que no debíamos
estar juntos
cuando, después del orgasmo,
en una misma cama
cada quien quería irse
a alguna otra parte.
No puedo ni siquiera
empezar a imaginarme
pasando mis días con alguien
a quien, después de la muerte,
voy a querer abandonar.
estar juntos
cuando, después del orgasmo,
en una misma cama
cada quien quería irse
a alguna otra parte.
No puedo ni siquiera
empezar a imaginarme
pasando mis días con alguien
a quien, después de la muerte,
voy a querer abandonar.
miércoles, 1 de mayo de 2013
°
Ahí donde riegas,
no siempre crece
el naranjo que esperabas,
pero apuesto que,
a quien le gusta la fruta,
no dudará
en comer de un guayabo.
no siempre crece
el naranjo que esperabas,
pero apuesto que,
a quien le gusta la fruta,
no dudará
en comer de un guayabo.
