Todos los que llegan,
llegan para recordarnos algo.
Nos recuerdan que algún día, en algún lugar, nos crecíamos de arena,
que en tardes lluviosas llorábamos.
Que tuvimos grandes amores
y que duraron.
Otros llegan para recordarnos el silencio,
lo que guardamos y alimentamos de sueños,
o los fríos inviernos en los que nos oscurecimos.
Llegan y se van.
Nos recuerdan entonces
la promesa de ese horizonte que siempre camina.
Llegan en veranos, o en primaveras
y nos conceden sol de noviembre.
Nos recuerdan esas historias que creíamos perdidas.
Siempre así, un martes cualquiera,
como cuando llegó tu corazón a recordarme al mío.
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