martes, 21 de febrero de 2012

11:10

La espuma,  las tardes,  la comisura de tus sueños.
El tiempo que no compone, que no desviste,
ni arranca, ni lava.
Tu mano que se deshoja, la mía que colapsa.
Mi historia, mis horas
y las noches de callarte,
el botón de mi blusa,
el sábado incompleto
te los doy para que me los envuelvas.
El agua, los lunes, los trazos de tu suela.
Y me duermo para imaginarte,
me abrazo a la distancia
y entonces despierto,
siempre despierto.
Por eso te escribo, para no cansarme.
Por eso una y otra vez, hasta recrearte.
Me invento de tu amor,
me confío de tu ausencia.
Te escribo para pensarte,
sin tener que morir de la angustia.

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