Y estábamos ahí los dos, acostados, sin atrevernos a decir que nuestras
mentes descansaban en otros lugares. Imposible saber qué tan lejos.
Sin embargo,
yo estaba queriéndote, y sé que tú a mí también.
Te quería porque recién me
habías confesado que te lloraba el corazón,
que te dolías por dentro.
Tú me
querías porque yo acababa de contarte que no eras el hombre de mi vida.
Pero te abrí mis ojos,
y tú a mí los tuyos.
Y te llené la
boca de agua,
y dejé que tu cuerpo me ardiera, que ahogara el frío que me
resuena siempre sin esos brazos.
Y te entregué los sueños de mi noche,
y fui
sólo para ti.
Nos pude ver desde arriba.
Nos fotografié.
Nos amé.
No me costó trabajo imaginar mi vida con más noches como
esa. No me costó trabajo acomodarme en tu pecho, darte la mano y
quedarme dormida.
Pero amanecí en otro lugar,
No pude evitarlo.
No pude evitarlo.
Amanecí en esos, sus brazos,
que tanto espero.
que tanto espero.
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