Solía pensar que volver no era seguro; un viaje interminable a mi casa amarilla, o al mueble de la esquina de tu sala en donde estaba la fotografía que yo pasaba horas enteras mirando, pensando en lo joven que te veías, en cómo el tiempo te había traído hasta acá. Parecía entonces otra vida, menos pálida, más entrañable. Como andar sin prisa. Viéndote vestir con unas ropas y otras, usando los lentes de tu abuelo, diciéndome que todo volvería a la normalidad. Como mirar con otros ojos, pensaba. Pero esos días se iban haciendo viejos, viejísimos. Regresaba de vez en cuando a donde había dejado cada palabra y cada pensamiento- todo eso que prometíamos- como queriendo encontrar algo en un lugar que ni siquiera existía ya. Veía a lo lejos tus tenis usados, tus cuadernos sin hojas y entonces miraba todo ese camino que no recorrí contigo, esos días en los que dejé que la vida nos desencontrara, los sueños profundos en los que me olvidé de ti.
jueves, 2 de diciembre de 2010
domingo, 21 de noviembre de 2010
domingo, 14 de noviembre de 2010
domingo, 7 de noviembre de 2010
viernes, 29 de octubre de 2010
domingo, 10 de octubre de 2010

Del tiempo y la nada, lo viejo, lo absurdo. De todo lo que se puede contar, lo que para siempre duele. De lo efímero, lo tuyo y lo mío. De cada segundo que ojalá nunca hubiera acabado, las semanas que me robaste. De tonos grises e historias lentas, sordas, delgadas. Detrás y olvidado. De lo que te doy que jamás recibes, de lo mucho y las sobras. De tener tus palabras horas enteras en mi garganta, lo que no debió decirse. Universos y mañanas de ayeres, de no saber, de dejar pasar. De lo que robamos en sueños. De cada diminuta herida que guardamos. De todo y tanto, después y ahora. Del ruido de otros y nuestra historia errada, ¿qué tanto estamos dispuestos a perdonar?





