Me gustaba que
anduviéramos
en medio de la gente;
apretarme
a tu cuerpo excitado,
colgarme de tu barba,
sentir por momentos
que, si los demás
nos miraban, yo sabría
amarte.
Pero lo cierto es
-te soy sincera-
que nunca hubiera podido
soportar
la eternidad a solas
contigo.
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