Un manojo de emociones
mal digeridas
y termina una en la cama
con viajes intermitentes
al vómito,
con la quejumbrosa repetición
de palabras incomprendidas.
Huele mi buró
al puré de manzana
de hace dieciocho años,
es más débil mi cuerpo
que cualquier profecía tuya.
Por eso aprovecho estos días
para llorar,
para no reprocharme nada,
para fantasear con la historia
de una muerte breve.
Porque, a final de cuentas,
este dolor clavado
entre mi pecho y mi ombligo
también soy yo.
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