No temo que no llegues nunca,
ni los vacíos absurdos de la bañera.
Sé que no podré decir todo aquello que quiero
en el momento oportuno, para tu hora exacta
No me preocupa.
Ni dejar la llave abierta y que se inunde mi cuarto,
o ser maleducada.
No escatimo, en absoluto, lo que puedo darte,
lo que ya es tuyo. La mirada oculta,
lo que guardo debajo de las sábanas,
el horario de los trenes que coinciden con tu calle.
Y, sin embargo, me paraliza el miedo
de que jamás abras mis cartas.
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