miércoles, 19 de marzo de 2014

Crónica del Gato Negro

Hoy. 5pm. Estoy en mi casa trabajando un diseño.
Me llega un whatsapp.

Lalo: Tsss, hay una mujer española tocando el ukelele en la plaza. Ve a conquistarla.

Yo: jajajaja. Ahorita mismo voy. Dile que ahí me espere. ¿Está chula?

Lalo: Sí, sí está chula. Está justo en las escaleras que suben a la iglesia. Yo digo que ya vayas.

Yo: jajaja ok. (Lo ignoré, por supuesto)


6:30pm. Voy saliendo de mi casa para ir a clase de Salsa.
Me llega un whatsapp.

Lalo: ¿Qué, ya fuiste?

Yo: Justo voy saliendo para allá. ¿Le dijiste que me esperara?

Lalo: Sí, le mandé señal mental.

Yo: jajaja, perfecto.


Decidí encaminarme a la clase y pasar por la plaza principal- como quien no quiere la cosa- buscando un ukelele.
Nada.
Me topo de repente a lo lejos a un amigo.

Johnny: ¡Quióbole, tú!

Yo (todavía buscando el ukelele): ¿Qué onda, Johnny, qué haciendo?

Johnny: Pues vamos a ir al Gato Negro con unas amigas argentinas, ¿vienes?

Yo: Uyy, pues voy a darle a la Salsa, pero igual camino con ustedes y ya luego me desvío.


Caminamos rumbo al Gato Negro. Hablé con las dos chicas argentinas. Que viaje por aquí, viaje por allá. Que esto, lo otro. Una chef, la otra administradora de hoteles.
Llegamos al bar y decidí quedarme.
Fuimos hasta la azotea a ver lo que quedaba del atardecer. Pedimos unas cervezas. Dejamos bolsos, cámaras y demás en la mesa de al lado.

7:30pm. Estamos todos sentados, platicando.
Me llega un whatsapp.

Lalo: ¿Qué hiciste, por fin?

Yo: Ya no fui a Salsa. Vine al Gato Negro con Johnny, Nico y una morras argentinas. Vente.

Lalo: Mándame fotos de las argentinaaaaaas!

Yo: jajajaja, pinche Lalo...

Me giro en lo que estoy escribiendo el mensaje, y veo de pronto, debajo de uno de los suéters, en la mesa en donde dejamos nuestras cosas, un ukelele en su funda.

...

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