miércoles, 29 de enero de 2014

Sin título III

Nunca usé la memoria
para guardar palabras.
Siempre le atribuí
funciones más prácticas:
recordar mi calle,
o el olor de la gente
Un par de anécdotas de viaje
Algunos besos, si acaso.
Sin embargo, te digo,
podría pasar la noche entera
cantando poemas;
kilos y kilos de letras
abiertas, desmenuzadas, amasadas
Evaporadas en verso,
presente, y calles sucias
y habitaciones de hotel.
Podría atravesar un umbral
a cambio de una palabra perdida.
Y ese impulso, estoy segura,
sólo puede ser
producto del olvido.

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