lunes, 7 de octubre de 2013

Atenas

Dejé discos
libros
recuerdos de viaje
debajo de su puerta
Peor aún, le regalé
palabras, fotografías
textos mudos
ostentosos atardeceres
artefactos que pudieran
ser útiles para volar
En fin, cosas donde yo
de una forma u otra
iba depositando mi corazón
Y efectivamente: un
fallo rotundo
una huída seca, sin
despedida, nada de nada
Y yo, ya no sólo doliente
desanimada, frágil
mar de lloriqueos
sino que, además,
sin libros
ni discos
ni postales
supuse que la vida es así
que todo aquello que uno
desea recibir
ha de darlo primero.

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