domingo, 18 de abril de 2010

Tierra y yo

Me acosté boca abajo en el pasto, sintiendo cómo me picaba en la cara y en los pies. Piel con piel. Estiré los brazos a los lados y comencé a arrancar, con cada mano, pedazos y raíces de pasto verde. Llegué hasta donde ya no hay pasto y sólo tierra. Rasqué con las uñas para empezar a formar hoyos y sentí cómo mis dedos pasaban entre piedras pequeñas y lombrices, yendo más hacia la tierra. Logré cavar dos túneles del grosor de mis manos que, poco a poco, dentro de la tierra, se fueron encontrando. Cuando, por fin, con una mano toqué los dedos de la otra, las entrelacé y apoyé mi cabeza con más fuerza contra el pasto. Estaba abrazando la tierra.

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