sábado, 2 de enero de 2010

Bajo tierra

Desperté soñando contigo
Olía a tierra mojada, gente por doquier,
creo que ya llevaba un rato sin saber qué esperaba,
sin saber qué decir.

Y perdí mi reloj para siempre,
nunca lo busqué en los bolsillos de otros,
lo remplacé por un tiempo mental,
por viajes furtivos a tu boca, a todo aquello que no hice.

Pronto me di cuenta de que me gustaba estar aquí,
de que no tenía que pensar demasiado.
Bebíamos a todas horas, nos desvestíamos cada que nos daba la gana,
nadie hacía juicio.

Y es que cada quien se ha imaginado lo que ha querido de este lugar,
entre temerle y ansiarle,
pero ya estando aquí uno se distrae de cualquier manera,
olvida que echa de menos.
A mí me pasó. Dejé de preocuparme, dejé de llorar.
Cerré los cajones y acepté el ahora como un exento del futuro.

Pero hay noches en las que sueño contigo,
en las que recupero tu olor,
siento tus palabras,
y, entonces, al despertar junto a tus ojos, lamento
despertar habiendo muerto.

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